 |
Se inicia un nuevo año y surgen grandes
expectativas. Aunque sienta rutina a medida
que trascurren los días de 2007, algo
apenas normal, no deje que incida en su
actitud optimista ante la vida.
Enfrente los miedos y la vida siendo optimista y
positivo, porque así es más fácil superar los desafíos que
el día a día nos presenta para ser felices. Cada vez más
investigaciones muestran los beneficios físicos, psicológicos
y económicos que genera el optimismo para transformar
la realidad y hacernos más felices. O si no,
acuérdese de quienes padecen cáncer y que por ser optimistas
responden mejor al tratamiento.
Para Martín Seligman, psicólogo de la Universidad de Pensylvania, el optimismo
se relaciona mucho con la responsabilidad asumida ante aquello que
sucede. El optimista se hace y se sabe responsable de aquello que le sucede y
por tanto, se cuestiona qué es lo que puede hacer para rectificar, mejorar o cambiar
una determinada situación. Por el contrario, el pesimista se siente impotente
frente al mundo o frente a sí mismo y espera pasivamente a que sean las
circunstancias externas las que cambien. Los optimistas se consideran más
como causas de aquello que pasa y los pesimistas se sienten consecuencia de las
circunstancias.
Los optimistas perciben los aspectos positivos de sí mismos, de los otros y
de la realidad que les rodea, mientras que los pesimistas se concentran en los
aspectos negativos. De esta manera, las emociones del optimista provocan coraje,
entusiasmo, pasión, perseverancia, confianza, esperanza y permiten ver los
errores como oportunidades para aprender. A diferencia de los pesimistas, que
tienen mayor riesgo de sufrir problemas emocionales, por sentirse fracasados y
tener la percepción de imposibilidad de cambio o mejora. Ojo, eso si, no confunda
optimismo con ingenuidad o negación de la realidad, porque ser optimista
no implica negar los problemas, sino asumirlos y definir estrategias de
acción con base en la esperanza para afrontar la realidad y transformarla.
El optimismo es una forma de enfrentarse a la vida y si cree que no es lo suficientemente
optimista, propóngase para el nuevo año que va a ver mejor la vida.
Tenga en cuenta también que ser positivo no quiere decir que el miedo, el dolor
y la tristeza no lo van a tocar, ni significa que siempre va a tener una sonrisa a
flor de labios, sino que se enfrentará a la realidad y las situaciones negativas de
manera diferente.
Mi pensamiento para el año 2007 es buscar la felicidad y ver la vida con actitud
positiva para poder crecer como seres humanos, de modo que todos quienes
nos rodean aprecien el cambio para que seamos mejores padres, compañeros,
hijos, amigos, clínicos, etc. Para concluir, el optimista y el pesimista van a
morir; pero la diferencia está en cómo vivieron y, en consecuencia, en el legado
que dejaron en su entorno.
Cambiemos el concepto de felicidad y no la relacionemos con un trabajo, un
título profesional, una nueva casa… sino con la familia, los amigos, el equipo
de trabajo y los pacientes.
A usted, apreciado colega, le deseo que tenga un FELIZ 2007.
ALBERTO CHACÓN APONTE, M.D.
Director |
 |
 |